Soledad, eso era lo único que me rodeaba. Unos árboles negros me abrían el camino hacia mi morada. Allí me esperaba mi castigo, quizá injusto, pero eso daba igual, mi padre no iba a plantearse si yo lo merecía o no. En mi familia habían muy pocas leyes, podías hacer todo lo que quisieras, sólo habían tres condiciones: respetar a mis padres, ser malo y la más importante, hay que vigilar de quien te enamoras, y hacerlo siempre de una chica pura.
Y eso era lo que había hecho yo, enamorarme perdidamente de un ángel.
El camino a mi casa se me hizo eterno, parecía que estaba a kilómetros, pero por fin llegué. Una gran mansión de piedra negra se alzó sobre mí, abrí lentamente la puerta y entré.
Sentada en la escalera, esperándome, encontré a Lucy, mi hermana mayor, en su firme mirada se veía cinismo y su sonrisa maligna me apuñalaba el corazón:
- Papá te espera- dijo con voz triunfante-.
- Estarás contenta, no?-.
- No te puedes imaginar cuanto querido. Pero no me juzgues antes de tiempo, yo no le dije nada-.

Eso sí me sorprendió, si mi hermana no había dicho nada de mi relación con Angélica, ¿cómo se había enterado mi padre? Un grito me sacó de mis pensamientos, mi padre me llamaba, ya no había nada que hacer, subiría y aceptaría mi castigo con la mayor serenidad que pudiera.
El despacho de mi padre era grande y oscuro, debajo de un cuadro familiar, sentado en una gran silla de cuero negro estaba mi padre, sus ojos azul oscuro se clavaban en mi como finas agujas:
- No volverás a ver a esa niña, lo sabes, verdad?-.
- Sí, padre-.
- Y para asegurarme de que no la veas, he trasladado a su padre a Houston-.
- Pero. . . ¡no puedes hacer lo que se antoje! ¡¿cómo has conseguido que cambien al padre de Angie?!-.
- Tengo mis contactos, no hay más que hablar, ves a ducharte, cenaremos en media hora-.

Asunto zanjado, no volvería a ver a mi ángel, salí del despacho y me duché. Pronto me llamó Rosita, la sirvienta para que bajara a cenar.
Mi madre me miró con odio, como si hubiera deshonrado a la familia. Me senté en mi sitio:
- No te sientes a mi lado, estas sucio, me repugnas como hijo-.

Las palabras de mi madre atravesaron mi cuerpo e indagaron en mi alma, me hizo daño, me levanté rápidamente y me senté justo al lado de mi hermana, la cual por debajo de la mesa me acarició la rodilla a modo de consuelo:
- Ethan, mañana te vas a casa de tu abuela, y cuando acabe el verano ingresaras en un internado para chicos-.
- Pero papá eso es injusto- repliqué-.
- ¡No te atrevas a faltar a tu padre, niño. Tu no tienes derecho ni a hablar-.
- Mamá, no te pases, por favor-.
- Mírala, ya tuvo que saltar la niña modelo a rescatar al hermano-.
- Cállate Drew. Se acabó la cena, los dos a vuestro cuarto, hablaremos mañana-.

Lucy y yo subimos silenciosamente las escaleras, pero cuando ella estaba a punto de entrar en su cuarto, la agarré del brazo y la metí en el mío:
- Tienes que ayudarme Lucy-.
- ¿Yo? ¿Qué quieres que haga?-.
- Ayúdame a escapar-.
- ¡¡Estás loco!! Si tú te vas, papá sabrá que yo te he ayudado y me matará y cuando te encuentre, por que no dudes e que te encontrará, te matará a ti también-.
- No, si nos escapamos lo dos-.
- Ethan, nos encontrarán-.
- Vamos Lucy, tu eres lista, encontrarás algo, se te encenderá la bombilla, ya verás-.

Mi hermana iba abrir la boca, pero ruidos en la escalera la silenciaron, eran mis padres, se acercaban a mi cuarto. Lucy y yo nos miramos con pánico, de repente:
- ¡¡Déjame ya enano!! No lloriquees, te lo mereces, además esa niñata no valía para nada, si encima era fea! No sabes lo que es bueno-.

Mis padres entraron en la habitación a medio discurso de Lucy:
- Lucy, sal de la habitación y vete a la cama. Me alegro de haber oído diciendo eso, pero ahora no es el momento-.
- Está bien, buenas noches-.

Lucy me guiño un ojo y me sonrió sin que mis padres se percataran y salió del cuarto.
Lo que continuó fue una severa bronca por parte de mi padre y unos chillidos infernales por parte de mi madre. Pero a mi ya me daba igual, sabía que mi hermana me ayudaría, se le ocurriría algo, seguro.
La mañana siguiente me despertaron unas manos frías acariciándome la cara. Abrí los ojos, era Lucy, estaba tumbada a mi lado:
- ¿Qué haces aquí?-.
- Nos vamos-.
- ¿A dónde?-.
- A Houston, con tu querida, ¿no querías escapar?-.
- Sí!! ¿Pero, cómo lo haremos?-.
- Lo tengo todo pensado, he convencido a mamá y a papá para ir yo contigo, así ellos no nos tienen que acompañar y yo recibo mis merecidas vacaciones, les he dicho que había llamado a la abuela y que ella vendría a buscarnos. Lo que ellos no saben es que la abuela no está, se ha echado un novio y está de viaje con él, no volverá hasta dentro de dos meses, para cuando eso suceda, nosotros ya estaremos muy lejos de aquí. Ahora iremos a buscar a Angelina a Houston y nos la llevaremos a donde sea que vayamos. ¿Qué te parece?-.
- Que eres la mejor. Que te quiero mucho-.
- Vale, vale, basta de mariconadas, no hagas que me arrepienta-.
- Está bien. Sólo una cosa. ¿Qué sacas tu con todo esto?-.
- Ya lo verás, venga, haz las maletas-.

Mi hermana salió del cuarto y yo me levanté e hice mis maletas, después de comer nos despedimos de nuestros padres y marchamos en un taxi hasta la estación. Pero para mi sorpresa cuando llegamos allí, no cogimos un tren si no que había alguien que nos estaba esperando. David, el novio secreto de mi hermana, tan secreto que ni yo sabía que existía. Con mi huída, ella había visto la oportunidad de empezar una nueva vida con él.
Eso me enseñó a conocer mejor a mi hermana, víbora la llamaba yo, y ahora resultaba que hasta tenía corazón y además, me quería.
Con el coche de Dave fuimos hasta Houston, Lucy se había encargado hasta de avisar a Angie y ella nos esperaba en un parque donde habían quedado. Angelina subió al coche y después de besarla y abrazarla emprendimos nuestro viaje.
Un viaje a saber donde, quizá un viaje sin fin, quizá con billete de vuelta, quien sabe. Sólo sabía, que a partir de ese momento, empezaba una nueva vida para los cuatro, una vida que no sabíamos si sería mejor.

¿CONTINUARÁ?