Una pequeña historia que escribí en clase de Filosofía. . .un poco cutre pero bonita al fin y al cabo.
‘Para Elisa’
Paseaba por las tristes y nocturnas calles de Barcelona, deambulaba por ella sin un camino marcado. Mirando al suelo, pensando en nada. Mis pies me llevaron hasta ‘Ciutat Vella’ la cual estaba plagada de prostitutas, narcotraficantes, toxicómanos y transeúntes. Pasaba por en medio de ellos que miraban mi traje Calvin Klein con anhelo y desconfianza.
Una niña que no debía tener más de ocho años se embelesó observando mi lotus-oro agarrando mi mano con una extremada delicadez, como si temiera romperla. Otra chica que debía tener mi edad cogió a la niña atrayéndola hacia si mirándome con desagrado. Me fijé en sus ojos, eran los más bonitos que jamás había visto; tenían un color azul marino que parecía brillar en la oscuridad. Su piel, a pesar de estar sucia, era blanca, tersa y fina, y su cabello, largo y ondulado, era rojo como el fuego de Hefesto.
Le sonreí y acerqué mi mano a ella, pero me miró desafiante a la vez que cogía a la niña en brazos y salió corriendo.
Su carácter me entristeció más de lo que ya estaba, emprendí mi camino de vuelta a casa pensando en mi decepción y fantaseando sobre cómo se llamaría mi dama misteriosa. Me prometí que esto no acabaría así, no iba a rendirme, necesitaba conocerla. Aceleré el paso notando a cada zancada como mi reloj ya no bailaba por mi delgada muñeca al ritmo de mis pasos.
Al día siguiente volví y paseé por la misma calle, aunque esta vez no estaba vacía. No la veía por ninguna parte y comenzaba a desesperarme. De pronto me pareció entrever un mechón de pelo rojo detrás de una columna al final de la calle en la que me hallaba. Corrí hasta allí y me encontré cara a cara con ella. Se asustó y cabizbaja dijo:
- Señor, lo siento mucho, mi hermanita es pequeña. No la castigue por favor, ella no sabía lo que hasía-.
- ¿De qué me estás hablando?- pregunté lo más educadamente posible dentro de mi sorpresa y terriblemente prendado por su precioso acento argentino-.
- De su reloj. Le juro que se lo devolveré, sólo es que ahorita no la encuentro-.
- Ah, da igual. No quiero ese reloj, quedároslo, vendedlo si queréis-.
- No necesitamos su caridad- su tono de voz había cambiado tornándose agresivo-.
- No es caridad. Si no lo quieres aceptaré que me lo devuelvas, pero por favor, dime tu nombre-.
- ¡Claro que se lo devolveré!- gritó enfurismada- no necesito la lástima de un niño pijo que piensa que lo puede todo porque tiene dinero-.
- Yo. . .yo no soy así.- dije un poco indignado- Por favor, dime tu nombre-.
- ¡No! No voy a haserlo-.
Una fuerza dentro de mí me invadía, era tan hermosa. No pude contenerme, la agarré de la cintura y la besé profundamente.
Al principio se resistió, pero pronto se entregó al beso completa y pasionalmente.
Una voz aguda, de niña, nos rompió el encanto:
- ¡Elisa, Elisa!-.
La chica me empujó y como la noche anterior cogió a su hermana y salió corriendo. Marché otra vez desolado, sabiendo que ahora sí jamás volvería a verla. Sólo me quedaba ese beso, tan dulce, y el recuerdo de su nombre, que sabía que nunca olvidaría. Elisa.
Una joven de ojos azules salió a pasear por su ciudad pensando en el chico que un mes atrás la había besado por sorpresa. Y de pronto se vio rodeada de carteles con la foto de su amor perdido que anunciaban que Ludwig Van Beethoven había compuesto una nueva sinfonía llamada ‘Para Elisa’.
Fin

Dolce dijo
He cambiado esta hostira. . .por si alguien le interesa, pero la otra aún tengo que pasarla a ordenador.. .
30 Marzo 2006 | 12:20 AM